Category: Citas Biblicas para Tu Vida


“¡Ten confianza en el Señor! ¡Ten valor, no te desanimes! ¡Sí, ten confianza en el Señor!” Salmo 27:14

“Pero tú Señor, eres mi escudo protector, eres mi Gloria, eres quien me reanima.” Salmo 3:4

“Tú Señor, eres mi fuerza; ¡yo te amo! Tú eres mi protector, mi lugar de refugio, mi libertador, mi Dios, la roca que me protege, mi escudo, el poder que me salva, mi más alto escondite”. Salmo 18: 1-3

“Señor, mi protector, a ti clamo. No te niegues a responderme, ya puedo contarme entre los muertos. Oye mis gritos cuando te pido ayuda, cuando extiendo mis manos hacia tu santo templo….¡Bendito sea el Señor, que ha escuchado mis ruegos! El Señor es mi poderoso protector; en él confié plenamente y él me ayudó. Mi corazón está alegre; cantaré y dare gracias al Señor.” Salmo 28 : 1-2, 6-7

“Bendito sea el Señor, que con su amor hizo grandes cosas por mí en momentos de angustia. En mi inquietud llegué a pensar que me habías echado de tu presencia; pero cuando te pedí ayuda, tú escuchaste mis gritos.” Salmo 31 : 21-22

“Recurrí al Señor y él me contestó, y me libró de todos mis temores. Los que miran al Señor quedan radiantes de alegría y jamás se verán defraudados. Este pobre gritó y el Señor lo oyó y lo libró de todas sus angustias. El angel del Señor protege y salva a los que honran al Señor.” Salmo 34: 4-7

“¿Por qué voy a desanimarme? ¿Por qué voy a estar preocupado? Mi esperanza he puesto en Dios, a quien todavía seguiré alabando. ¡El es mi Dios y Salvador!” Salmo 42:5

“Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia. Por eso no tendremos miedo, aunque se deshaga la tierra, aunque se hundan los montes en el fondo del mar, aunque ruja el mar y se agiten sus olas, aunque tiemblen los montes a causa de su furia.” Salmo 46: 1-2

“Cuando tengo miedo confío en ti. Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no tengo miedo.” Salmo 56:3-4

“Yo canto al Señor, que me da fuerzas. ¡Él es mi Salvador!” Salmo 118: 14

“A ti clamo, Señor, y te digo: ‘Tú eres mi refugio; tú eres todo lo que tengo en esta vida. Presta atención a mis gritos, porque me encuentro sin fuerzas.” Salmo 142: 5-6

“He aprendido a hacer frente a cualquier situación, lo mismo a estar satisfecho que a tener hambre, a tener de sobra que a no tener nada. A todo puedo hacerle frente, gracias a Cristo que me fortalece.” Filipenses 4: 12-13

“Por eso no nos desanimamos. Pues aunque por fuera nos vamos deteriorando, por dentro nos renovamos día a día. Lo que sufrimos en esta vida es cosa ligera, que pronto pasa; pero nos trae como resultado una Gloria eternal mucho más grande y abundante. Porque no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve, ya que las cosas que se ven son pasajeras, pero las que no se ve son eternas. Nosotros somos como una casa terrenal, como una tienda de campaña no permanente; pero sabemos que si esta tienda se destruye, Dios nos tiene preparada en el cielo una casa eternal, que no ha sido hecha por manos humanas.” 2 Corintios 4: 16-18, 5: 1-2.

“Dios ha preparado para los que lo aman cosas que nadie ha visto ni oído, y ni siquiera pensado.” 1 Corintios : 9

Otros textos sobre la enfermedad y el sufrimientoPresencia del dolor y de la enfermedad en el mundo

Cinco son las causas de las enfermedades que afligen a los hombres: la de aumentar sus méritos, como aconteció con Job y los mártires; la de conservar su humildad, de lo que es ejemplo San Pablo combatido por Satanás (2 Cor 12); que conozcamos nuestros pecados y nos enmendemos, como sucedió a María hermana de Moisés (Num 12) y al paralítico de Cafarnaun (Mc 2, Iss.); para mayor gloria de Dios, como ocurrió con el ciego de nacimiento (Jn 9) y con Lázaro (Jn 11); y la que es un principio de condenación, como ocurrió con Herodes (Hech 12) y con Antioco (2 Rey 9) (San Beda, en Catena Aurea, vol. IV, p. 55).

Vosotros tenéis que desarrollar una tarea altísima, estáis llamados a completar en vuestra carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia (Col 1, 24). Con vuestro dolor podéis afianzar a las almas vacilantes, volver a llamar al camino recto a las descarriadas, devolver serenidad y confianza a las dudosas y angustiadas. Vuestros sufrimientos, si son aceptados y ofrecidos generosamente en unión de los del Crucificado, pueden dar una aportación de primer orden en la lucha por la victoria del bien sobre las fuerzas del mal, que de tantos modos insidian a la humanidad contemporánea. En vosotros, Cristo prolonga su pasión redentora. ¡Con Él, si queréis, podéis salvar el mundo! (Juan Pablo 11, Turin, 13-lV-1980).

Los enfermos y la mortificación

Dime amigo – preguntó el Amado -¿tendrás paciencia si te doblo tus dolencias? Sí – respondió el Amigo – con tal que dobles mis amores. (R. Llull, Libro del Amigo y del Amado, 8.)

Sufres… y no querrías quejarte. No importa que te quejes – es la reacción natural de la pobre carne nuestra – mientras tu voluntad quiera en ti, ahora y siempre, lo que quiera Dios (J. Escrivá de Balaguer, Camino, n. 718.)

Una enfermedad puede servir para una mayor purificación y un mayor acercamiento a Dios.

En ocasiones una enfermedad hace entrar en el buen camino a quien era malvado cuando sano. Igualmente puede ocurrir a propósito de otra desgracia cualquiera: La tribulación hará comprender . (Is 28, 19, Santo Tomás, Sobre el doble precepto de la caridad, I.c., p. 223.)

Vosotros tenéis un puesto importante en la Iglesia, si sabeis interpretar vuestra situación difícil a la luz de la fe y si, bajo esta luz, sabeis vivir vuestra enfermedad con corazón generoso y fuerte. Cada uno de vosotros puede entonces afirmar con San Pablo: “Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo, a favor de su Cuerpo que es la Iglesia.” (Col 1, 24) (Juan Pablo II, Sobre la fortaleza, Aud. gen. 15-XI-1978.)

Muchos son mártires en cama. Yace el cristiano en el lecho, le atormentan los dolores, reza, no se le escucha, o quizás se le escucha, pero se le prueba, se le ejercita, se le flagela para que sea recibido como hijo. Se hace mártir en la cama y le corona el que por él estuvo pendiente en la cruz. (San Agustín, Sermdn 286)

El sabe ciertamente que con frecuencia nuestros sufrimientos son un instrumento de salvación. (San Gregorio Naceno, Disertación 7)

Si sabes que esos dolores – físicos o morales – son purificación y merecimiento, bendícelos. (J. Escrivá de Balaguer, Camino, n. 219.)

El sentido del dolor

El sufrimiento es también una realidad misteriosa y desconcertante. Pues bien, nosotros, cristianos, mirando a Jesús crucificado encontramos la fuerza para aceptar este misterio. El cristiano sabe que, después del pecado original, la historia humana es siempre un riesgo; pero sabe también que Dios mismo ha querido entrar en nuestro dolor, experimentar nuestra angustia, pasar por la agonía del espíritu y el desgarramiento del cuerpo. La fe en Cristo no suprime el sufrimiento, pero lo ilumina, lo eleva, lo purifica, lo sublima, lo vuelve válido para la eternidad. (Juan Pablo II, Aloc. 24-III-1979.)

Para quien cree en Cristo, las penas y los dolores de la vida presente son signos de gracia y no de desgracia, son pruebas de la infinita benevolencia de Dios, que desarrolla aquel designio de amor, según el cual, como dice Jesús, el sarmiento que dé fruto, el Padre lo podará, para que dé más fruto. (Jn 15, 2) (Pablo Vl, Hom. 5-X-197.)

“Yo me acuesto tranquilo y me duermo en seguida, pues tú, Señor, me haces vivir confiado”

Salmo 4,8

“El Señor dice: Mis ojos están puestos en ti. Yo te daré instrucciones, te daré consejos, te enseñaré el camino que debes seguir”

Salmo 32,8

“En tiempo de hambre te librará de la muerte, y en tiempos de guerra te salvará de la espada”

Job 5,20

“Porque todo el que es hijo de Dios vence al mundo. Y nuestra fe nos ha dado la victoria sobre el mundo. El que cree que Jesús es el Hijo de Dios, vence al mundo”

1 Juan 5,4-5

“Pon tus actos en las manos del Señor y tus planes se realizarán”

Proverbios 16,3

“Dios es quien me da fuerzas, quien hace intachable mi conducta, quien me da pies ligeros como de ciervo, quien me hace estar firme en las alturas, quien me entrena para la batalla, quien me da fuerzas para tensar arcos de bronce”

Salmo 18,32-34

“Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia”

Salmo 46,1

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. (Juan 1:12) Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Porque no envió Dios a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para
que el mundo sea salvo por él.

(Juan 3:16-17) Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. (Jeremías 33:3) No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia
. (Isaías 41:10)

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios, en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento humano, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. (Filipenses 4:6-7) Porque no nos ha dado Dios, espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. (2 Timoteo 1:7) …y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres . (Juan 8.32)

RECUERDA TEN FÉ EN DIOS, PORQUE DIOS NO ES HUMANO PARA FALLAR, NI HOMBRE PARA MENTIR.

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